lunes, abril 28, 2008

Pulchra leonina

Entrar en la catedral de León supone sentirse transportado a un mundo mágico, reflejado en sus impresionantes cristaleras. Su majestuosidad hace sentirse al ser humano tal como es, pequeño. En esa pequeñez, me sentí muy afortunado por adentrarme entre aquellos muros imponentes junto a lo más grande que me ha pasado nunca, a quien me guió en un periplo inolvidable, a quien echo de menos cada día.

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