jueves, mayo 01, 2008

1º de mayo

Los sindicatos han sido uno de los grandes puntales de la transformación social. Sus luchas del siglo XX fueron un elemento clave para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y estructurar el estado del bienestar en Europa occidental. De una situación insostenible, de explotación incluso, se evolucionó hacia el progresivo desarrollo de una tupida red de protección social que garantiza unos mínimos dignos en el desempeño de cualquier trabajo. No obstante, los reciente fenómenos de subempleo de los que son víctimas, sobre todo, los trabajadores inmigrantes resultan ser agujeros negros a combatir para que los derechos adquiridos gracias a la determinación y a la lucha de tantas décadas sean, de verdad, universales. Sigue habiendo grandes retos a los que enfrentarse en la esfera sindical pero, de unos años a esta parte, los sindicatos aparecen desdibujados, con un perfil más plano que nunca, sumidos en la gestión del día a día sin una visión clara de los grandes objetivos de futuro. La creación de una especie de burocracia sindical, de un nuevo funcionariado refugiado en las abundantes ayudas que reciben las centrales, amenaza con convertir a los sindicatos en órganos acomodaticios, domesticados, que se limiten a la defensa de los intereses de sus afiliados. España es uno de los países con menor afiliación de toda Europa. Roza el 20%, cuando los países con mayores garantías sociales, los escandinavos, tienen afiliados a un sindicato casi al 80% de los trabajadores. Lejos de la autocomplacencia, los sindicatos españoles y vascos tienen, en un día como el de hoy, motivos para la reflexión y el análisis. Para la autocrítica, en definitiva.     

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