domingo, mayo 04, 2008

Interrogantes

Pasadas las elecciones generales, la política española vive momentos de cierta placidez. Más que la vida política en sí lo que se ha rebajado es el tono crispado entre los dos principales partidos, que en la legislatura pasada alcanzó cotas muy preocupantes para la propia estabilidad y el buen funcionamiento del sistema democrático. El clima bronco parece haberse trasladado ahora al seno de las formaciones que no alcanzaron sus objetivos en los comicios pasados: el PP, por seguir en la oposición cuatro años más por lo menos, e IU, por haber quedado al borde de la extinción como fuerza de cierta relevancia. En ese contexto de cambio de ciclo, es en Euskadi donde persisten las grandes y viejas interrogantes. Nadie sabe, a ciencia cierta, qué ocurrirá en el escaso plazo de dos o tres meses. El calendario establecido en la hoja de ruta anunciada por el lehendakari el pasado 30 de septiembre en el Parlamento vasco parece, a estas alturas, del todo ficticio. No queda margen para entablar un diálogo a fondo antes de la convocatoria del pleno en el que la Cámara vasca deberá discutir si procede la convocatoria de una consulta en los términos expresados por Ibarretxe. El presidente Zapatero, sabedor de que el tiempo juega a su favor, está dilatando los plazos para que la presión recaiga por entero en el PNV, que se vería obligado a intentar mantener el pulso en unas condiciones internas y externas casi insostenibles. Se asegura que el tripartito no permitirá que la consulta reciba el apoyo del legislativo gracias al aval decisivo de EHAK, para lo que en el marco de la resolución parlamentaria se establecerán unas premisas respecto al terrorismo que hagan inviable ese apoyo. En todo caso, a la izquierda abertzale puede interesarle obligar al PNV a gestionar una situación de convocatoria de la consulta que lo lleve al límite. No es descartable que pongan todo el énfasis en la necesidad de dar la palabra a los ciudadanos y estén dispuestos a pasar por alto otras cuestiones que consideren secundarias para el cumplimiento de su objetivo primordial: agravar las contradicciones internas del PNV y enfrentarlo sin remedio con el poder central. Sólo una evidente y estridente cerrazón al diálogo por parte del Gobierno de España, que a buen seguro no se va a producir en esos términos, podría servir a los jeltzales para llamar a rebato al conjunto del nacionalismo democrático en unas elecciones autonómicas anticipadas convertidas en un sucedáneo de la consulta. Con el trasfondo terrible del terrorismo, Euskadi va entrar en una fase política decisiva en muchos aspectos. El PNV y el lehendakari Ibarretxe no han pronunciado su última palabra ni han agotado todas sus cartas, pero parecen a merced del talento político de sus rivales. La gestión de los tiempos se antoja decisiva.     

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