sábado, mayo 17, 2008

Notas al margen

La reunión entre Zapatero e Ibarretxe del martes que viene llega sin ninguna posibilidad de éxito. Se verán las caras y escenificarán que es el otro el que hace imposible el diálogo. La trascendencia que se le presupone a un encuentro del más alto nivel entre el presidente del Gobierno de España y el lehendakari queda diluida por la imposibilidad de avanzar, ni siquiera mínimamente, en la búsqueda de acuerdos sobre la futura configuración del autogobierno vasco. Permitirse esos lujos en un país con terrorismo activo, con desencuentros políticos básicos entre sus principales partidos y con una configuración territorial profundamente diversa parece una locura. Quienes se felicitan de que el consenso entre ambas administraciones sea imposible y confían en la acumulación de fuerzas para desatascar la situación deberían recordar que Euskadi ha llegado hasta donde está gracias al acuerdo entre nacionalistas y no nacionalistas, que lo configura políticamente, y a un marco de convivencia incluyente y abierto a su reforma. Los choques de trenes entre las grandes opciones políticas de un país nunca son buenas y menos aún en uno con tantas cuestiones tan básicas pendientes de resolución.       

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