lunes, mayo 26, 2008

Notas al margen

Los acontecimientos se precipitan en el PP. Las hostilidades dejaron de ser soterradas hace tiempo y ya se producen en campo abierto. La retirada de María San Gil por haber perdido la confianza en Rajoy será recordada con el paso del tiempo como el principio del fin del actual líder del partido. Tal y como están las cosas, el congreso de Valencia puede no solucionar nada y convertirse, simplemente, en un punto y seguido en la crisis. El problema del PP, al margen de los personalismos, siempre presentes en todos los partidos, es que las diferencias que se atenúan en la victoria se agigantan en la derrota, y últimamente no cosecha sino derrotas. La derecha siempre ha mantenido tendencias atomizadoras en España y sólo ha actuado con unidad y con paciencia democrática para acceder al poder durante la etapa de José María Aznar. Las diversas familias ideológicas cobijadas en Coalición Popular se fusionaron en el actual PP en 1989 y supieron mantenerse en armonía hasta vencer al PSOE en 1996. Dos derrotas consecutivas, las dudas sobre el liderazgo de Rajoy y la perspectiva de un largo acomodo de los socialistas en el poder amenaza ahora con echar por tierra los cimientos de la unidad de la derecha. La espiral autodestructiva en la que está inmerso el PP sólo puede detenerse con un liderazgo renovado y de consenso al frente de un proyecto moderado y paciente. 

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