lunes, mayo 12, 2008

Responde Zapatero

Se esperaba con expectación la respuesta del presidente Zapatero a las palabras pronunciadas por el lehendakari Ibarretxe el pasado jueves en ETB y Radio Euskadi y, de paso, al apoyo expresado el sábado por el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, al compromiso del mandatario vasco de cumplir a rajatabla los enunciados de la hoja de ruta dada a conocer en el Parlamento de Vitoria el pasado 30 de septiembre. Ante unas ocho mil personas y la mayor concentración de dirigentes gubernamentales y autonómicos que se recuerda desde hace tiempo, el jefe del Ejecutivo socialista enumeró sus ya conocidos límites para el diálogo sobre el futuro del autogobierno vasco. Así, subrayó que no sólo él, sino la propia sociedad vasca, no desea "aventuras" fuera del marco constitucional y volvió a insistir en que el diálogo debe abrirse, sobre todo, en Euskadi para que luego los acuerdos se trasladen a Madrid. Es el esquema de siempre de Zapatero. Frente al mismo, Ibarretxe reitera que será la mayoría del Parlamento vasco la que guíe los pasos a dar, respondiendo a la voluntad de los ciudadanos que representa. El principal objetivo de ambas partes es, en primer lugar, aparecer ante los vascos como los campeones del diálogo, a sabiendas de que esa percepción da rentabilidad electoral. Aunque esté claro que es imposible activar una negociación de fondo al menos hasta las elecciones autonómicas, se trata de aparentar que es el otro el que impide el diálogo con sus condicionamientos. Por lo tanto, en segundo término, Zapatero intentará presentar a Ibarretxe y al PNV como obcecados en un camino sin salida, a la espera de que las contradicciones internas surtan efecto en algún momento, y, mientras, desde el ámbito nacionalista se quiere hacer ver que detrás de la sonrisa y las buenas formas del presidente no hay nada más que cerrazón y portazos continuos. En ese escenario se disputará la victoria electoral de las autonómicas, siempre que EHAK no irrumpa en la primera línea política posibilitando la convocatoria de una consulta popular que tensionaría aún más la situación y provocaría el cierre de filas en ambos lados de la trinchera. En este guión, resta un ingrediente más: el juicio pendiente contra el lehendakari por su diálogo público con dirigentes de Batasuna. La imagen de Ibarretxe en el banquillo de los acusados reforzaría su posición como principal referente del nacionalismo democrático y podría llevarlo a volandas hacia una nueva victoria electoral, por ajustada que sea. En estos parámetros discurrirá la vida política vasca en los próximos meses. No por la vía del entendimiento, sino en el de la escenificación del desencuentro en función de los intereses electorales de cada cual. Con ETA en la trastienda a la esperar de irrumpir en cualquier momento, Euskadi parece condenada a repetir una y otra vez los errores y las angustias del pasado.

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