martes, mayo 20, 2008

Reunión previsible

Nada nuevo en La Moncloa. La reunión entre el presidente Zapatero y el lehendakari Ibarretxe ha sido, tal y como estaba previsto, una mera escenificación. Ambos saben perfectamente que la sociedad vasca suele castigar en las urnas a quien niega el diálogo y, por el contrario, premia a aquellos que se esfuerzan en alcanzar acuerdos. Con la vista puesta en los comicios autonómicos, tanta la parte socialista como la nacionalista pretenden dar apariencia de buena predisposición para una negociación sobre el futuro del autogobierno vasco que, en realidad, nació muerta no ya desde la presentación de la hoja de ruta del Ejecutivo de Vitoria el pasado 30 de septiembre sino desde mucho antes, desde febrero de 2005, cuando el Congreso rechazó admitir a trámite el conocido como Plan Ibarretxe. Las desconfianzas, las constantes presiones de parte para que nadie ose moverse y las descalificaciones hacia la verdadera voluntad de avance del interlocutor han sido constantes desde aquel momento y en esas circunstancias no es posible una mínima aproximación que habilite un proceso serio de diálogo. Desde el punto de vista ciudadano el escenario es descorazonador. Con ETA en plena actividad, los máximos responsables institucionales están trasladando a la sociedad la idea de que no les es posible alcanzar puntos de acuerdo en torno a las reglas del juego para la convivencia. Por eso, se quiere dejar en manos de la ciudadanía tamaña responsabilidad, provocando así desencuentros inconvenientes y rasguños sociales innecesarios. Euskadi necesita activar un verdadero proceso de reflexión sobre el pasado, presente y futuro de su marco de autogobierno. Para corregir lo que se ha venido haciendo mal, lo que no se ajusta a la letra del Estatuto de Gernika, y para garantizar que no vuelva a ocurrir. En los países sólidos en cuanto al ejercicio democrático, las grandes expresiones políticas acuerdan los puntos básicos sobre los que se ha de sustentar el marco de convivencia. Así ha venido siendo también en Euskadi, tanto en la etapa republicana como en la de la reinstauración democrática. Ahora no puede ser imposible. Hay que proyectar desde dentro un acuerdo político de calado que sea respetado fuera. Mientras eso no se consiga, reuniones como la de La Moncloa serán meras expresiones de un fracaso colectivo.    

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