miércoles, mayo 07, 2008

Ser periodista en Euskadi


El Instituto Internacional de la Prensa acaba de hacer públicos sus informes correspondientes al año pasado. En su análisis continente por continente y país a país destaca, sobre todo, la espeluznante situación de los profesionales iraquíes de la prensa, sometidos a todo tipo de actos violentos. En 2007 fueron asesinados 93 periodistas a lo largo y ancho del mundo y en esa macabra lista destacó sobremanera, precisamente, Irak. Fue el segundo año de mayor mortandad entre los informadores desde que se efectúa esta contabilización. En el apartado correspondiente a España se menciona el juicio contra dos miembros de la revista satírica El Jueves por el ya famoso dibujo de los príncipes de Asturias practicando sexo. Al margen de ese tipo de situaciones, Euskadi es una de las zonas de Europa con mayores dificultades para ejercer la profesión periodística con una mínima normalidad. Se suceden las amenazas dirigidas a quienes condenan y hablan claro sobre la lacra terrorista. La autocensura para no buscarse problemas y poder vivir con tranquilidad es una constante en muchos medios de comunicación. Para quienes optan por no callar y expresarse sin tapujos la consecuencia es recibir amenazas por carta o en el boletín de ETA, tener que evitar rutinas y mirar constantemente debajo del coche, recortar la actividad social o recibir insultos por parte de aquellos que defienden a la banda. En ocasiones, el clima se acerca a lo insoportable. Con todo, lo peor no es la actitud de los totalitarios, por no esperarse nada de ellos, sino la de aquellos que condenan el terrorismo con la boca pequeña y consideran que la coacción que recae sobre uno se debe a la obcecación por "buscarse problemas". Ese es el primer síntoma de la enfermedad que aqueja a un sector amplio de la sociedad vasca. Informar en Euskadi y posicionarse frente a los violentos es un ejercicio peligroso. El desgaste consiguiente sólo se puede dar por bueno si uno cree en que el periodismo no es una profesión funcionarial sino una actividad comprometida en la mejora de la realidad que nos circunda. En el País Vasco no hay plena libertad de prensa y de opinión, y hay muchos periodistas que lo pasan/pasamos muy mal. Conviene que a nadie se le olvide.

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