viernes, junio 27, 2008

El modelo vasco de disenso

Esta mañana he asistido al pleno del Parlamento vasco en el que se ha aprobado la Ley de Consulta impulsada desde el Ejecutivo tripartito. Ha sido uno de los nueve votos de EHAK el que ha decantado la balanza hacia el sí final. En una intervención que pasará a los anales de la incongruencia política, la portavoz de la izquierda abertzale, Nekane Erauskin, ha despotricado contra la iniciativa del Gobierno del lehendakari Ibarretxe para anunciar después que su grupo iba a permitir que ésta siguiera adelante. Oírla ha sido suficiente para reiterarse en que ese regalo envenenado es uno de los mayores baldones del proyecto. El derecho a decidir es, por pura lógica, consustancial a la democracia. En eso consiste, precisamente, la democracia, en decidir entre diferentes proyectos, entre diversos modelos de país. Otra cosa distinta es si la democracia participativa o directa, que debe ser complementaria con la representativa y puede ayudar a mejorarla y a perfeccionarla, es la más adecuada para establecer los parámetros de convivencia en un país en el que los partidos mayoritarios se muestran incapaces de establecer consensos básicos. Las bases sobre las que rige un determinado marco político no pueden ni deben fundamentarse en el disenso, en la mitad de la sociedad frente a la otra mitad. Son los ciudadanos los que, elección tras elección, dan y quitan fuerza a determinados proyectos políticos, y la fuerza de unos y la debilidad de otros es la que establece el fiel de la balanza en un punto o en otro. En la actual coyuntura vasca se mira demasiado, y sin disimulo, a las elecciones autonómicas. Al final, todo lo que no sea interés electoral parece meramente instrumental. Y quien hoy ha decidido lo que ocurrirá en los próximos meses ha sido EHAK. Ése es el drama.

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