jueves, septiembre 11, 2008

El verdadero reto

El guión se sigue cumpliendo a rajatabla. Este próximo 25 de octubre será un día más en Euskadi, salvo por ser el aniversario de la reforma foral de 1839 y de la aprobación del Estatuto de Gernika en 1979. El Tribunal Constitucional ha decidido por unanimidad que el Gobierno vasco no está autorizado para convocar la consulta que había anunciado para ese día en torno al diálogo con ETA y sobre la conveniencia de que los partidos acuerden una formulación concreta del derecho a decidir en el plazo de dos años. Nadie se habrá llevado las manos a la cabeza sorprendiéndose ante la resolución del alto tribunal. Su composición, fruto del juego político, y la gestión atropellada y escapista del asunto objeto de debate por parte de sus impulsores, anunciaban este final de trayecto. En ese marco, la resolución judicial sólo va a servir como munición electoral, ya que ni siquiera se está planteando un debate a fondo sobre el llamado derecho a decidir entre quienes lo dicen defender. La consulta, en los términos en que había sido anunciada, poco o nada tenía que ver con la capacidad de decisión en torno al modo de relacionarse con el resto de España, aunque el TC ha optado por adentrarse en vericuetos que no venían al caso. Quienes han jugado la carta de la consulta como forma de poner en evidencia las limitaciones del actual marco legal respecto al encaje de los vascos en la estructura del Estado, también han visto retratadas todas las debilidades y contradicciones de sus propios planteamientos. De cara al futuro, convendría, en primer lugar, no jugar al equívoco con cuestiones tan delicadas. El derecho a decidir poco tiene que ver a estas alturas con la autonomía o su desarrollo en los parámetros que el propio TC determine pronto para el nuevo Estatut de Catalunya. En la práctica, de su ejercicio en la dirección que desean sus defensores derivaría un cambio drástico en la manera de relacionarse con España, situando a Euskadi al menos en un escenario confederal. Para ello es necesario, previamente, definir el sujeto político, dejando de lado las ambigüedades actuales, y, a partir de ahí, explicar a los ciudadanos de esos territorios cuál es exactamente el proyecto político de futuro que uno defiende. Dicho de forma cruda, el problema del nacionalismo vasco democrático en la actualidad consiste en que su insuficiente fortaleza política y social para abordar con rigor y con todas las consecuencias un proceso de esas características le lleva a desarrollar ejercicios de distracción, a realizar amagos de romper las reglas de juego, siendo consciente, paradójicamente, de que en 2008 un mayor soberanismo se traduce en menos Euskal Herria. El Estado, el español y cualquier otro, siempre se resistirá, por puro sentido de la supervivencia, a reconocer de antemano que una de sus partes pueda alejarse o separarse pero es que, además, en el caso vasco no existe un movimiento político lo suficientemente estructurado, coherente y cohesionado, ni homogéneo desde el punto de vista territorial, para que se vea en la necesidad de hacerlo. Aquellos que apuesten por el derecho a decidir, entendido como ruptura del statu quo jurídico-político vigente y de sus potencialidades, en el camino hacia el pleno ejercicio de una soberanía propia en el marco europeo, tienen un largo trecho que recorrer, pero no en el Constitucional sino, ante todo, en la sociedad vasca.

1 comentario:

XABIER INTZA dijo...

Totalmente de acuerdo,este es el reto,efectivamente.Saludos.