miércoles, septiembre 24, 2008

Evidencias y autoengaños

Por mucho que se quiera negar la evidencia, práctica muy extendida en la política vasca, la detención de Unai Fano en Francia pone de manifiesto, una vez más, hasta qué punto existen vasos comunicantes, de forma permanente y estructural, entre las organizaciones pretendidamente políticas de la izquierda abertzale y ETA. No es ningún secreto que el esquema del anterior proceso de paz fracasó, en buena medida, por las permanentes intromisiones de la banda en la mesa política, hasta el punto de convertirse en la verdadera interlocutora oculta tras Batasuna, a la que anuló por completo. La cruda realidad desmintió la versión bien intencionada de muchos observadores de la situación vasca, según la cual iban a ser aquellos que reclamaban el protagonismo de la política los que terminarían tomando las riendas de la negociación con el PNV y el Partido Socialista. Desde ese punto de vista, la propuesta de Anoeta fue un fraude, porque Otegi y quienes le acompañaban en ese viaje siempre debieron ser conscientes de que iba a ser ETA la que negociaría de verdad en nombre de la izquierda abertzale, aunque fuera de forma vicaria. Sabían mejor que nadie que la parte teóricamente política de ese mundo seguía sin ser autónoma y debían asumir, en consecuencia, que esa falta de emancipación terminaría arruinando el proceso. A buen seguro, de cara a la galería, Fano era de los que en aquel momento también ensalzaba el valor de la política, pero ha terminado empuñando una pistola.    

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