martes, septiembre 09, 2008

Otegi y la negociación

Arnaldo Otegi ha salido de la cárcel de Martutene apelando al diálogo y la negociación como fórmula para superar lo que la izquierda abertzale entiende como conflicto vasco. Algunos medios de comunicación han creido ver en esas declaraciones una confirmación de la existencia de dos sensibilidades claramente diferenciadas en el mundo radical. Ocurre que las especulaciones en torno a estas supuestas disensiones no son nuevas. Llevan repitiéndose casi cada año, sobre todo cuando la sequía estival de noticias más aprieta. La teoría indica que en Batasuna y en su entorno mediático, sindical, social y militar debe haber diferentes opiniones y recetas acerca de las vías para superar el larguísimo ciclo violento al que ETA ha sometido a la sociedad vasca en democracia. A pesar de la imagen granítica de la izquierda abertzale, todavía hoy, en pleno 2008, tiene que quedar algún pequeño reducto de autonomía intelectual crítica respecto a la errática trayectoria de tantos años, acentuada hasta el ridículo en los dos últimos lustros. Pero la práctica desdice a la teoría. A pesar de los cantos de sirena de Otegi y algunos otros, son los duros los que se imponen siempre a la hora de la verdad, los que reconducen, poniendo las pistolas sobre la mesa, cualquier intento de acercarse a la paz. Y esa misma experiencia demuestra, a lo largo de la historia de la izquierda abertzale, que, en los momentos críticos, quienes supuestamente defienden posiciones moderadas callan y siguen al dictado las instrucciones de los más inflexibles. El nacimiento de Aralar ha sido una de las pocas excepciones en las que una parte de ese mundo se desgaja, se planta en definitiva. Por eso, los llamamientos al diálogo llegan vacios de contenido mientras la única preocupación de ETA sigue siendo cómo matar al siguiente de la lista. No es posible pretender que la banda actúa cargada de razón mientras se exhibe una sonrisa beatífica llamando a la concordia. Actuar así no es reflejo de una sensibilidad diferenciada. Sólo atestigua que existe una división de papeles, como en el tan manido esquema del policía bueno y el policía malo.

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