martes, noviembre 04, 2008

El día de la esperanza

Después de ocho años de gestión nefasta, tanto a nivel doméstico como en el plano internacional, con las elecciones de hoy en Estados Unidos llega el esperado punto y final de la administración Bush. El clima histórico que se respira a nivel planetario refleja lo trascendental de un momento marcado, precisamente, por la imperiosa necesidad de cambio. En Europa incluso dirigentes de partidos de centro-derecha, tradicionalmente más favorables a los republicanos, han mostrado públicamente sus simpatías por Barack Obama. El desbarajuste provocado por ocho años de conservadurismo extremo en la Casa Blanca es de tal calibre que a estas alturas casi nadie confía en que John McCain sea el más capacitado para dar un golpe de timón, sobre todo si va acompañado de Sarah Palin. El aspirante republicano, un auténtico 'outsider' entre los suyos, se ha mostrado timorato y desdibujado a lo largo de la larguísima campaña electoral, desmarcándose de Bush de palabra mientras en los hechos abrazaba las tesis de los mismos extremistas que lo auparon a la presidencia. Frente a él, en el campo demócrata, Barack Obama aparece como un candidato excepcional. No sólo por el color de su piel, que también, en el sentido más positivo, sino, ante todo, por ser una persona con ideas propias, dotado de una retórica electrizante y un carisma desbordante, y, ante todo, de una filosofía de cambio profundo frente a lo establecido. A los Estados Unidos, y al resto del mundo, les hará falta mucho más que maquillaje político para salir del atolladero actual. De cara al futuro, las relaciones internacionales deben basarse en un multilateralismo de respeto mutuo y cooperación, que parta de la promoción de la democracia y del respeto a los derechos humanos. La economía requiere de nuevas reglas de juego, en las que los organismos supervisores velen con eficacia para evitar abusos como los que han desembocado en el desastre financiero internacional. Obama tiene la energía renovadora necesaria para abrir una nueva etapa de ilusión y confianza. Su victoria en las elecciones de hoy es, más que un deseo, una necesidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya he leído a algún "espontaneo" comparar a López con Obama (supongo que implicitamente a bush con Ibarretxe).La victoria de Obama por amplia mayoría era practicamente obligada,se mirara por donde se mirara, la gestión Bush ha sido nefasta tirando a catastrófica y cualquier oponente minimamente presentable tenía las de ganar.Este oponente,además,ha sabido ilusionar y motivar a Hispanos,Asiáticos y negros,minorias las tres que en anteriores elecciones permanecían en gran medida apáticas,amén de jóvenes,ecologistas.....
El resultado está a la vista y creo que será para mejor,indudablemente.
Sin embargo,sin restarle a Obama ese frescor,inteligencia,dinamismo y "buena pinta" que transmite,creo que pasada la euforia se encontrará con enormes problemas que están haí y se deben resolver...y ya se sabe que una cosa es predicar y otra dar trigo,que gestionar,decidir,gobernar consiste en optar por un camino entre varios y que en cada cruce uno va dejándose pelos en la gatera y en los tiempos que corren uno corre el riesgo de quedarse sin pelo a las primeras de cambio, lo que era champagne se convierte en garrafón y a las rosas le crecen las espinas.
No he seguido mucho estas elecciones,me aburren los excesos y el tratamiento mediático de estas ha pecado de exceso.De la misma manera soy refractario a la euforia y esta victoria se está viviendo con excesiva euforia y de la euforia a la fustración ya se sabe que la linea es fina.
Ni Ibarretxe es Bush,ni López es Obama, pero López sabe de predicar e Ibarretxe (además de predicar) de dar trigo.Gestionar victorias es mucho mas agradable los primeros 100 días,el 101 (mas en los tiempos que corren) no valen asesores de imagen,promesas de trigo inexistente ni campañas de marketing.Saludos.
XABIER INTZA