miércoles, noviembre 19, 2008

La consulta de Lokarri

El pasado día 9, Lokarri llevó a cabo una consulta popular en Gernika-Lumo para preguntar a los vecinos, de forma simbólica, acerca, precisamente, de su opinión respecto a las consultas populares. Se sometía al juicio de los votantes el siguiente enunciado: "¿Considera usted conveniente y legítima la convocatoria de consultas populares para impulsar el proceso hacia la paz y exigir un acuerdo político para convivir democráticamente y sin exclusiones?". Según los datos a conocer por el grupo convocante, en la iniciativa participaron 2.034 personas residentes en la localidad foral, es decir, un 17% del censo electoral. El resultado de la votación se resume en que 2.022 personas avalaron la necesidad de las consultas (99’41%), mientras nueve la rechazaron, dos optaron por el voto en blanco (0’09%) y un voto fue nulo (0’04%). El objetivo inicial de Lokarri pasaba por lograr que la mitad del censo guerniqués respondiera a su llamamiento. Que en un municipio sociológicamente muy próximo a los principios de Lokarri, con un único concejal no nacionalista entre 17 y con cuatro ediles de ANV, no tomara parte en la consulta ni uno de cada cinco vecinos censados debería ser motivo de reflexión. La valoración un tanto triunfalista de lo acontecido apenas puede ocultar la realidad. Los ciudadanos están un tanto cansados del desacuerdo permanente entre partidos en cuestiones muy básicas, así como de la utilización de determinados conceptos de forma equívoca. En democracia ser consultados es consustancial al propio sistema. Las elecciones son una forma de consulta ciudadana vinculante. También puede haber consultas sobre cuestiones de todo tipo, que afecten a distintos ámbitos. Incluso sobre el 'statu quo' jurídico-político que debería regir en un momento dado. En este contexto, es bien sabido que lo que caracteriza al referéndum frente a la consulta es que el pueblo debe decidir sobre una propuesta específica que ya ha sido aprobada previamente por alguno de los órganos del Estado, y de aprobarla, será vinculante. En el caso vasco, se debería plantear con claridad para qué se quiere realizar determinada consulta y convendría que las preguntas fueran diáfanas. La apelación genérica al derecho a ser consultados no es suficiente, porque ni hay límites claros ni son comparables las reivindicaciones, por ejemplo, sobre la consulta en torno a una determinada infraestructura o la que atañe al establecimiento de un marco político concreto. El maremagnum de conceptos vertidos en los últimos tiempos sin aclarar de qué se está hablando realmente ha enfriado el ánimo de los ciudadanos, que no se sienten concernidos ante propuestas confusas. De lo ocurrido en Gernika cabe extraer, al menos, dos conclusiones: los partidos deben hablar con mucha mayor claridad y las reglas de juego requieren de acuerdos muy amplios e ilusionantes.

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