viernes, noviembre 07, 2008

Las prioridades de Obama

La victoria de Barack Obama ayuda a recuperar la confianza en los Estados Unidos que muchos ciudadanos de todo el mundo habían perdido durante la lamentable etapa de George W. Bush. Los desastres más visibles de su gestión son la guerra de Irak y la imponente crisis financiera, aunque tampoco debe caer en el olvido el astronómico déficit público del país. Unidos los tres elementos, el futuro no es nada halagüeño. A pesar de que la prepotencia de los 'neocon' haya generado desaguisados de tal calibre, el heredero político de Bush ha obtenido en las urnas un nada despreciable 47% de los votos y se ha alzado con una victoria clara en la práctica totalidad de los estados centrales de la Unión. En cualquier caso, la victoria demócrata resulta formidable. Lo es por las características personales de Obama, y el color no es la única destacable, y por la fuerza arrolladora que ha ido adquiriendo su mensaje de cambio a nivel planetario. Lo peligroso en las actuales circunstancias es que tanta ilusión generada se convierta en frustración a corto plazo. Obama ya está distinguiendo claramente sus prioridades, para centrarse en ellas desde el primer momento. La economía va a ser, sin duda, la que va a determinar el futuro político de su nueva administración. El reto más inmediato consiste en dar oxígeno a unas clases medias tan maltratadas en los últimos tiempos y en ampliar el peso de esa clase social como garantía de más equilibrio y bienestar. A otra escala, una acción firme y concertada con el resto de actores globales debe dar paso a un modelo financiero internacional remozado, con controles de supervisión eficaces que eviten los excesos de un libre mercado que se había entregado a la pura especulación. Quienes creían y creen en una economía libre pero sujeta a unas normas básicas de actuación que garanticen su correcto funcionamiento han ganado la batalla ideológica y tienen que hacerse notar en el diseño de la nueva arquitectura del sistema. Respecto a Irak, no hay recetas mágicas ni es posible volver atrás. El país se ha convertido en un pozo sin fondo de violencia e inestabilidad y se traga todo tipo de recursos sin saber muy bien para qué. Los Estados Unidos no pueden abandonarlo a su suerte, ni marcharse dejando a los iraquíes sumidos en el caos que ellos han contribuido a generar en buena medida pero, en todo caso, deben irse de Irak en cuanto sea posible. Obama parece tener una visión mucho más real de la complejidad de la situación internacional, dejando de lado el esquema simplista y maniqueo de Bush. La tarea que tiene por delante es titánica. Para hacerle frente cuenta con un enorme capital político y con la simpatía de millones de personas a lo largo del planeta. Las elecciones del martes han devuelto la confianza en el papel que los norteamericanos pueden desempeñar en el mundo. Y la confianza, aunque no resuelve por sí misma los problemas, es un ingrediente imprescindible para alcanzar cualquier meta.  

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