jueves, noviembre 06, 2008

Sumisión o martirio

El desvarío de ETA no tiene límites. Su nuevo comunicado, dado a conocer ayer por los cauces habituales, es un verdadero compendio de los efectos más extremos a los que puede llevar la enajenación trasladada a la política. Si el trasfondo no fuera tan serio y no estuviera tan plagado de muertos, la mera referencia a un supuesto "ataque terrorista global contra Euskal Herria" conduciría directamente a la carcajada. El delirio que se presume a los autores del escrito en cuestión no es más que el reflejo de su totalitarismo furibundo. De nada sirve que la ciudadanía vasca haya mostrado su hartazgo ante el terrorismo en innumerables ocasiones. Les trae sin cuidado cuál sea la composición política de cada uno de los territorios configurada en base a la voluntad de quienes los habitan. Su mesianismo les empuja a creerse salvadores de un pueblo que los repudia. Nada nuevo bajo el sol. Más amenazas, más terror. Y la izquierda abertzale, la que dice que quiere hacer política con mayúsculas, callada y asintiendo, minúscula, como siempre, frente a reivindicaciones de vulneraciones flagrantes de derechos humanos y ante el anuncio de que se seguirán produciendo. Las apelaciones vacías a una vuelta a los principios de Lizarra-Garazi sólo pretenden ocultar el deseo de imposición que ha guiado siempre al conjunto de quienes se parapetan tras ETA, dándose a sí mismos la cobertura de una mayoría política, sindical y social. Ya quisieron hacer lo mismo tras la tregua de 1998, dejando a los pies de los caballos a quienes apostaron por aquella vía. Sólo dan a elegir entre la persistencia del terrorismo más salvaje o la aceptación sumisa de sus tesis. Hay que aprender de la historia reciente para no caer en los mismos errores.         

No hay comentarios: