miércoles, diciembre 31, 2008

Censura terrorista

El brutal atentado terrorista de esta mañana, que ha destrozado la fachada de la sede de EiTB en Bilbao, supone la culminación, a buen seguro meramente momentánea, de las amenazas de ETA contra numerosos periodistas y medios de comunicación vascos. Es bien conocida la presión a la que la banda somete a políticos de distinto nivel, empresarios o miembros de las fuerzas de seguridad. El clima de pesadilla en el que se desenvuelven muchos profesionales de la prensa no ha trascendido tanto. Pero existe, y es terrible. Nadie puede ponerse en la piel de alguien que sale de su casa sin tener la certeza de que vaya a volver. O que tiene que mirar de continuo en los bajos de su coche. O que no puede guardar rutinas ni moverse en diversos ámbitos. Que ni tan siquiera puede salir a divertirse con sus amigos. En Euskadi, en 2008, hay periodistas que malviven en esa situación tras haber recibido toda clase de amenazas. Ser tildado de 'periodista policía' en el boletín de los asesinos suele ser la antesala del drama y equivale a llevar la espada de Damocles sobre la nuca. Por desgracia, hay compañeros de profesión que parecen no entender este horror en toda su extensión. Son los que corren a la hora de solidarizarse con determinadas causas y muestran pereza intelectual y falta absoluta de empatía hacia quienes viven aterrorizados por ETA. El atentado contra EiTB es, evidentemente, un ataque en toda regla contra la libertad de expresión. Es, asimismo, una advertencia más para quienes se oponen a la mafia etarra desde el periodismo. Ser periodista en Euskadi obliga, demasiadas veces, a ejercer de héroe contra la voluntad de uno mismo, que sólo aspira a trabajar en libertad. Con todo, lo peor es que en ocasiones la heroicidad termina en martirio. Frente a este estado de cosas sólo queda la perseverancia cívica y democrática, la pedagogía del respeto a la pluralidad frente a quienes se empeñan en imponer su proyecto totalitario. Ése es el eje del compromiso vital y profesional de tantos y tantos periodistas y medios de comunicación vascos. Pero tiene que ir acompañado de una oleada social de rechazo sin titubeos frente a los asesinos, sus cómplices y sus justificadores. En Euskadi existe una cultura de la violencia que ha arraigado en determinados sectores, un culto al amedrentamiento y a la aniquilación física del adversario político. Para resolver el problema, primero hay que reconocerlo en toda su crudeza. Si no se parte de ahí, si se mezcla la política con lo que no es más que un afán de pura imposición, seguiremos caminando hacia la nada.

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