sábado, enero 17, 2009

La Ertzaintza de todos

El periodismo político es en Euskadi un ejercicio muy ingrato. A las presiones habituales de toda índole de cualquier otro lugar se le suman, en este caso, las amenazas de los terroristas, que dificultan la vida diaria hasta límites difíciles de soportar. Sin embargo, en este contexto tan adverso se producen, de cuando en cuando, muestras de apoyo que animan a seguir adelante en la batalla dialéctica diaria frente a quienes buscan imponerse por la fuerza bruta. Esta mañana se me acercó un hombre que me sigue por mis intervenciones en televisión. Me mostró su gratitud y su apoyo por defender con firmeza los principios democráticos más básicos en un país en el que es mucho más fácil mirar para otro lado cuando los violentos levantan la voz o empuñan las pistolas. Según me dijo, es el padre de un agente de la Ertzaintza destinado en la comisaría de Ondarroa, la misma que hace escasos meses sufrió un terrible atentado de ETA que no se saldó con la pérdida de vida humanas de puro milagro. Este tipo de gestos de cercanía y cariño siempre animan en un contexto que no es nada fácil. Nadie está libre de ser objeto de las iras de los terroristas y de los que les jalean. Los periodistas, desde luego, no. Pero tampoco los ertzainas. Hace pocas horas varios de ellos han estado en peligro de muerte por la emboscada que la banda criminal les había tendido en Hernani. Están en su punto de mira prácticamente desde que comenzaron a patrullar por las calles de Euskadi. Realizan una labor abnegada y son uno de los pilares del autogobierno vasco. Se merecen el reconocimiento permanente de una ciudadanía que les apoya de forma abrumadora. ETA lo volverá a intentar, sin ninguna duda. Como lo hará contra los políticos, los periodistas o los empresarios. En definitiva, contra el conjunto de la sociedad vasca, una sociedad que les repudia con todas sus fuerzas, aunque haya quien sigue empeñado en vivir en la comodidad de la equidistancia.

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