miércoles, julio 29, 2009

La burbuja vasca

Artículo publicado en el número 73 de la revista Bake Hitzak de Gesto por la Paz.

La burbuja vasca


Tenemos entre nosotros a un sector social que defiende de forma activa la persistencia del terrorismo. Lo consideran un instrumento válido para obtener objetivos políticos al margen de la voluntad popular democráticamente expresada. Y lleva muchos años, demasiados ya, generando un microclima asfixiante en Euskadi. Dejar sin espacio en las calles al caracterizado como enemigo político es, en realidad, una de las señas de identidad históricas de ese grupo. Le va buena parte de su éxito en ello, y por eso ha sido tan implacable. En su código genético está la negación de la pluralidad, de la discrepancia, de la diferencia, de la gradación identitaria, el afán obsesivo por distorsionar la realidad. Así, por la vía de la presión o del puro terror, buscan que se asuma a los violentos como bienintencionados luchadores por la libertad y que quienes defienden la palabra como único soporte para la defensa de sus ideas parezcan enemigos declarados de la verdadera y más genuina democracia, de los derechos humanos y del pueblo vasco.
Es el mundo al revés; el de la burbuja victimista de los que jalean a los victimarios. Carteles que denuncian un supuesto apartheid político contra Herri Batasuna y sus formaciones herederas o de solidaridad con los autores o colaboradores de múltiples asesinatos llenan las paredes de Euskal Herria como recuerdo permanente de este estado de cosas. Nada importa el aval unánime dado por el Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo a la ilegalización de las formaciones que actúan como mera correa de transmisión de la estrategia de los terroristas a la vez que reivindican a pleno pulmón el ejercicio de la política, ni lo ridículo y sonrojante que resulte para cualquier analista mínimamente riguroso la equiparación del Estado español con el nauseabundo régimen racista sudafricano. En la burbuja eso carece de importancia. La causa lo justifica todo y la endogamia grupal sugestiona a los indecisos, que serán expulsados del paraíso de los puros si terminan poniendo en duda el dogma de ETA.
Esta situación se produce en un contexto de condescendencia paternalista, acomplejada y/o acomodaticia por parte de sectores situados allende los límites de la izquierda radical. Como botón de muestra, los alcaldes siempre dispuestos a correr raudos para incluir en los programas de fiestas de sus municipios actos contra la dispersión de los presos de la banda terrorista mientras dan continuos síntomas de pereza a la hora de mostrar una solidaridad activa y socialmente perceptible a los concejales amenazados de la propia corporación que presiden. Plantar cara a ETA y a su entorno se paga caro, aunque sólo se dé un paso al frente en términos de apoyo a quienes cargan sobre sus espaldas la certeza de saberse en la diana. Por eso es mucho más fácil poner el énfasis en la patria común, en los males del franquismo siempre presentes o en los acechantes tentáculos del españolismo.
Esta pobredumbre cívica provoca que el drama de los amenazados, obligados a llevar escolta de forma permanente, pase casi inadvertido y carezca de visibilidad suficiente. No hace falta poseer una fina sensibilidad democrática para reparar en lo aberrante de que cualquier ciudadano deba ir acompañado de guardaespaldas en todo momento por el mero hecho de defender y querer contrastar sus ideas en el espacio público. Sin embargo, una parte de la sociedad vasca, cada vez más minúscula afortunadamente, se niega a reconocer lo que es evidente allí donde los valores más básicos que sustentan la convivencia han dejado algún rastro, y da reiteradas muestras de entender el país sólo desde una concepción totalitaria. Para poder extender con eficacia su estrategia para aislar y deshumanizar a los más comprometidos contra el terrorismo cuentan, además, con que un sector políticamente fronterizo, aunque contrario a la violencia, les dé coartadas políticas y les sirva de colchón social, bien por acomplejamiento ideológico o, directamente, por miedo.
Todo eso hace más penosa aún la vida de tantas personas amenazadas. Las medidas de protección obligan a replantearse el día a día de forma radical y las rutinas familiares y sociales se resienten sin remedio. Nada es igual que antes. No hay libertad. Ni de expresión ni de movimiento. Se tiene la terrible sensación de que la agenda vital queda en manos de terceros, de que se pierde el control sobre la propia vida. Cientos de personas malviven así en Euskadi desde hace décadas, angustiadas por no saber si volverán cuando salen cada día de casa. Sin poder pasear libremente con sus hijos o dejando de salir con los amigos, cediendo espacios de libertad para poder seguir sobreviviendo. Son miembros de las fuerzas de seguridad, jueces, empresarios, periodistas, dirigentes políticos, alcaldes y concejales, entre otros. Y dan la cara por un imperativo ético, por un compromiso muy profundo con este pueblo, haciendo de lo usual una heroicidad, mientras los del corazón de hielo lanzan basura sobre ellos y los equidistantes se encogen de hombros, dando palmadas amistosas a los totalitarios por el bien de la convivencia, según dicen.
El sufrimiento de los escoltados sigue sin trascender y no llega a apelar con la fuerza suficiente a las conciencias de sus conciudadanos. En esas circunstancias, las muestras de cariño adquieren una significación especial y también, cómo no, las actitudes despreocupadas de tantas y tantas personas. Euskadi es un país en el que significarse por hacer frente al terrorismo lleva aparejada una condena en el proyecto de vida y conduce a las catacumbas, cuando no al cementerio. Mientras a quienes justifican los asesinatos de ETA se les llena la boca clamando por la libertad de expresión y por la participación política, llamar terrorista a un terrorista conlleva en muchos pueblos el aislamiento, la incomprensión y la sospecha. Pero hay que apretar los dientes hasta lograr romper la burbuja.


Joseba Arruti
Director de Radio Euskadi

7 comentarios:

Sasetaurrena dijo...

Apurtuko da azkenian, baia non gertzen da besteen "demokratasuna"... segurazki ez da konparablea baina azken finean zalatzeko gauza da, ez dozu uste?
Demokrazia Euskal Herriarentzat!!!
ETA EZ!!! INPOSAKETAK ERE EZ!!!

Anónimo dijo...

Arruti jauna, gauzak ez dira beltzak ala txuriak, etaren kontra egoteak ez du justifikatzen Estatua defenditzea.Nik eta gaitzezten dut, eta Estatuaren politika antidemokratikoa ere. Ni grisa naiz, gizartearen gehiengoa bezala, gehiengo osoa. Zuk zure aukera duzu, primeran, errespetagarria, errespeta gaitzazu grisak garenok. Eskolta dutenen bizitza oso gogorra iruditzen zait, ta solidaridade guztia beraientzat, zuontzat, baita dispertsioa soportatu behar duten gurasoentzat, edo torturatuak direnentzat (gezurra da? ja).... alkateak herriek jartzen dituzte, horretarako daude bozkak, eta agian zuri ez zaizkizu gustatzen dispertsioaren kontrakoen ahotsa, nire ustez hori ixiltzea edo saiatzea errakuntza da, egoera hori ere gogorra delako. Herri honetan politikaz posizionatzeak kostua dauka, bai, alde bateko zein bestekoei, ta grisei ere, ikus dezakedan bezala.

XABIER INTZA dijo...

E

Joseba Arruti dijo...

Nire testuan ez da inon agertzen sakabanaketaren inguruko jarrerarik, eta ziur izan torturaren aurka kontrakoena bezain kontra nagoela. Nire ahotan jartzen dituzu nik esan ez ditudanak.

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

¿Cómo va tu nueva vida de colaboracionista del Lopezismo? Supongo que trabajando mucho mientras la policía aporrea a jóvenes gernikarras de 14 años y amedrenta a madres que disfrutan de las fiestas con sus hijos.

Aprobetxeu ondo momentue, ze herrixek erantzuten dabenien ta hautatu ez dabezanak kanporatzen dabezenien, ez dozu lekurik topako ezta amatxun etxien be. Ganorabako.

Anónimo dijo...

Hola Joseba,

Estoy de acuerdo con la inmensa mayoría de lo que dices. Yo, al igual que tú, estoy por la deslegitmación del terrorismo y en contra de cualquier tipo de violencia. Nunca, jamás, usaría la violencia contra alguien por el mero hecho de pensar distinto a mi y por supusto creo que esta gente que usa y justifica el tiro en la nuca no tiene cabida en nuestra sociedad y la historia les pasará factura.

Ahora bien, hecho en falta de vez en cuando por tu parte (y perdón si te parece una osadía el que te dé yo consejos) que censures la actitud de los partidos nacionalistas españoles, que pongas de manifiesto su falta de respeto a los nacionalismos que cuestionan su nación. Todo esto no justifica para nada el uso de la violencia, pero a mi modo de ver es algo muy grave y que no tiene justificación alguna.

Es verdad que los de la pistola ayudan a que todo lo de más quede en un segundo plano cuando aprietan el gatillo o ponen una bomba, nunca les deberemos nada, nunca.

kevin21 dijo...
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