martes, noviembre 14, 2017

La avanzadilla hacia la paz

Aralar, que marcó el camino al resto de la izquierda abertzale, se disolverá tras su congreso de diciembre si prospera la propuesta de la dirección.

Patxi Zabaleta es un hombre curtido en mil batallas. Y una de las más definitorias fue la que desembocó en el alumbramiento de Aralar en 2001. Lo que parecía una simple muesca para una izquierda abertzale tradicionalmente sólida terminó convirtiéndose en avanzadilla de lo que, tarde o temprano, debería asumir el conjunto de la misma. A saber: la preponderancia de la acción política y el consiguiente rechazo al mantenimiento de la actividad violenta de ETA.
Cuando dio el paso, nadie en ese mundo podía tildar al dirigente navarro de advenedizo u oportunista, ya que su compromiso con Herri Batasuna databa del momento mismo en que se constituyó la Mesa de Alsasua en 1978, siendo desde entonces referente indiscutible y figura respetada, siempre leal al sentir mayoritario de la organización a pesar de mantener un perfil político propio puesto de manifiesto en numerosas ocasiones. Como cuando se mostraba crítico ante los constantes atentados de ETA.
El anuncio por parte de la banda de la tregua indefinida que entró en vigor el 18 de septiembre de 1998 llegó pocos días después de la firma del Acuerdo de Lizarra y propició la suma de fuerzas soberanistas de izquierda en la coalición Euskal Herritarrok, suavizando además las aristas internas provocadas por la persistencia del terrorismo. En un contexto de ausencia de violencia, Herri Batasuna, marca histórica de la izquierda abertzale, se rodeó de pequeñas formaciones que tradicionalmente se habían mostrado críticas con ETA. Y la apuesta le resultó rentable electoralmente. En las autonómicas de ese año se hizo con más del 25% de los votos en Gipuzkoa y 14 parlamentarios en el conjunto de Euskadi. Pero ese escenario saltó por los aires con la ruptura de la tregua el 3 de diciembre del año siguiente y el posterior asesinato, el 21 de enero de 2000, del militar Pedro Antonio Blanco al estallar un coche bomba en Madrid.

Proceso Batasuna

Euskal Herritarrok se mantuvo formalmente durante un tiempo, aunque ya sin el concurso de Batzarre y Zutik. Pero, con el nuevo reguero de asesinatos provocados por ETA, el del ex vicelehendakari y dirigente socialista vasco Fernando Buesa y su escolta Jorge Díez entre ellos, también en el seno de la aparentemente monolítica Herri Batasuna comenzaron a bajar las aguas cada vez más revueltas. Así quedó reflejado en el proceso Batasuna, llamado a refundar la izquierda abertzale. Fue el momento elegido por una treintena de militantes encabezados por Patxi Zabaleta para impulsar la constitución de una corriente interna agrupada en torno a una ponencia que se formalizaría poco después.
En mayo de 2000, sus impulsores se presentaron públicamente a través de un artículo titulado ‘Aportación a la izquierda abertzale’, que adelantaba los ejes básicos de lo que pretendían defender en el seno de la futura Batasuna, sustanciados en la necesidad de “organizarse, estructurar sus fuerzas y actuar exclusivamente en torno a la acción política”, rechazando tanto la violencia de ETA como la kale borroka. No obstante, lo que pretendía encarnar la sensibilidad civil y política de la izquierda abertzale no caló en las bases radicales y apenas un exiguo 9% de la militancia apoyó sus enmiendas a la ponencia oficial ‘Bateginez’ en la que se plasmaba el corpus ideológico de la nueva formación.
Con la expectativa de que la realidad social no coincidiera con la orgánica, Aralar decidió dar un paso al frente en septiembre de 2001 y convertirse en partido político. Así, tras la reunión que sus dirigentes celebraron en la emblemática localidad navarra de Alsasua, cuna de la izquierda abertzale, dieron a conocer su intención de convocar un congreso constituyente. A Zabaleta lo acompañaban en el nuevo proyecto históricos como Iñaki Aldekoa o Julen Madariaga. Poco antes, en mayo, se habían celebrado unas decisivas elecciones autónomicas, las de los casi 600.000 votos cosechados por la coalición PNV-EA con Ibarretxe a la cabeza, en las que Euskal Herritarrok había perdido 80.000 votos y la mitad de sus representantes parlamentarios. En el seno de la izquierda abertzale muchos dedos acusadores se dirigieron hacia Aralar, que vio en aquellos resultados un claro divorcio entre la ortodoxia de Batasuna y el sentir de una parte de sus bases tradicionales.  
El cónclave que estructuró a la nueva organización tuvo lugar en Vitoria los días 22 y 23 de junio de 2002, bajo el lema Ehkotopia. La ponencia política aprobada establecía los principios de Aralar fundamentados en su carácter independentista y socialista, rechazando a su vez cualquier condicionamiento impuesto por grupo armado alguno. Patxi Zabaleta fue elegido coordinador general y en la intervención con la que cerró el congreso advirtió a ETA de que su tiempo se había agotado, haciendo asimismo un llamamiento a recuperar el “orgullo de la política”. Este tipo de posicionamientos acarrearon consecuencias. Ya para entonces se hacía sentir la presión y el acoso de parte de sus antiguos correligionarios, que trataron de coartar su iniciativa política. Pintadas y carteles acusándoles de traidores, e incluso ataques a furgonetas y propaganda electoral, serían casi una constante en los meses siguientes.  

Comparecencia electoral

Aralar concurrió por primera vez a unas elecciones el 25 de mayo de 2003, con ocasión de las forales y municipales, además de autonómicas en Navarra. La aplicación de la Ley de Partidos y la consiguiente ilegalización de las marcas de la izquierda abertzale oficial enrarecieron al máximo el ambiente. En ese escenario, la nueva formación logró 36.000 votos en Euskadi y 24.000 en Navarra, convirtiéndose en la cuarta fuerza política de la comunidad foral. Dos años más tarde, en las autónomicas vascas se hizo con una única representante, Aintzane Ezenarro —actual directora del Instituto Gogora—, que sumaría tres actas más en los comicios de 2009.
El histórico anuncio del cese definitivo de su actividad terrorista por parte de ETA el 20 de octubre de 2011 condicionaría, lógicamente, el futuro de Aralar. Un mes antes había celebrado su quinto congreso en Derio, donde se aprobó concurrir a las elecciones generales del 20 de noviembre junto a la recién constituida Bildu, bajo la denominación de Amaiur. La aproximación a la izquierda abertzale generó un intenso debate entre los delegados del partido, y la ponencia política únicamente contó con el aval del 71%.
Las disensiones en su seno se fueron acrecentando de forma paulatina a partir de entonces, llegando a fracturar el grupo parlamentario en la Cámara vasca.
En mayo de 2012, la portavoz Aintzane Ezenarro y sus compañeros Mikel Basabe y Oxel Erostarbe fueron expulsados del partido y entregaron sus actas por votar a favor de la ponencia de paz y convivencia en contra del criterio de la dirección, que consideraba que dicho grupo de trabajo no ofrecía garantías para la presencia permanente de la antigua Batasuna, excluida de las elecciones de 2009 como consecuencia de su ilegalización.
Aralar se integró de forma permanente en Euskal Herria Bildu a partir de ese mismo año, participando en el reciente proceso de reorganización interna de la coalición que ha culminado en junio con la elección de Arnaldo Otegi como coordinador general. Con la nueva estructura de partido político de la que se ha dotado lo que era la suma de Sortu, EA, Aralar y Alternatiba, las siglas de esas cuatro formaciones quedan cada vez más difuminadas. Consciente de ello, Patxi Zabaleta ha dado otro paso al frente anunciando que, por unanimidad, la dirección de Aralar apuesta por la disolución del partido y el trasvase de militantes a EH Bildu en la ponencia política del congreso que celebrará en diciembre. Así, de aprobarse, se dará por concluida la historia de un partido que, a pesar de ser siempre minoritario, supo ver antes que nadie en la izquierda abertzale el agotamiento de la vía armada de ETA y condicionó positivamente a quienes tardaron años aún en sumarse al principio básico que establece la primacía de la acción política y democrática sobre cualquier otra.

Artículo publicado en El Correo el 24 de septiembre de 2017

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